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lunes, 27 de junio de 2016

Bienvenidos al infierno fragmento del libro "El Hondo pozo de la noche"

                                                           




                                                       Bienvenidos al infierno 



“El acto surrealista más simple consiste en salir a la calle con un revólver en cada mano, y a ciegas, disparar cuanto se pueda contra la multitud. Quien nunca en la vida haya sentido ganas de acabar de este modo con el principio de degradación y embrutecimiento existente hoy en día, pertenece a esa multitud y tiene la panza a la altura del disparo”
  André Breton



1
El 4 de diciembre de 1986 el viento de la noche fría cortaba la piel como una navaja de hielo. En dirección al norte, sobre la calzada sur de la Carrera Séptima, un hombre avanzaba con paso decidido. Su apariencia no despertaba sospechas. No parecía alterado; era presa de la adrenalina que bullía por todo su cuerpo, como el magma de un volcán a punto de estallar: estaba a minutos de ejecutar un plan macabro que había estado fraguando silenciosamente durante tiempo atrás, en el silencio de su corazón. Llevaba los dos primeros botones de la camisa sueltos a pesar del gélido viento. Unas cuadras más adelante, y a esa misma hora, cerca de las siete de la noche, los clientes comenzaban a llegar al elegante restaurante Pozzetto, ubicado en el exclusivo sector de Chapinero. Nadie, ni siquiera los arúspices de turno, esos que entrevén desgracias en colillas de cigarros y en el fondo de las tazas de chocolate, podrían haber vislumbrado la inapelable reunión que el destino ya había concertado entre los comensales y la muerte, y que estaba a punto de empezar. En el salón principal, en torno al pozo, las mesas permanecían dispuestas simétricamente dando la impresión de un orden perenne; dando una sensación de austera sobriedad atemporal. En sordina llegaba el rumor del caos callejero que se colaba entre la plácida música de piano del local. Lo que sucedía más allá de las ventanas parecía ajeno e insustancial, comparado con la suntuosidad y la elegancia que imperaba allí dentro. Algunas mesas permanecían vacías: estaban reservadas con antelación por clientes fieles a la buena comida del lugar. Los ausentes afortunados, que por una u otra razón, por simples giros del azar no llegarían esa noche, luego darían gracias de no haber ocupado su puesto. Los presentes disfrutaban animadamente de la velada que apenas empezaba y que prometía ser perfecta. Las luces verdes y rojas del árbol de navidad iluminaban los rostros sonrientes, mientras meseros de punta en blanco, iban y venían trayendo consigo viandas, botellas de licor y sendos platillos en samovares plateados. Todo tenía un carácter fastuoso, haciendo que aquel lugar, en apariencia común, transmitiera una sensación de agradable intimidad. Justamente, en una de las mesas cercanas al pozo, se encontraban tomando el aperitivo Marisol Pérez, junto a su esposo, el mayor Andrés Suárez, que quería sorprenderla con una cena para celebrar su aniversario de matrimonio. «En Pozzetto hacen la mejor cazuela de mariscos, mi amor: nunca vas a olvidarte de ella», le había dicho su esposo por teléfono al anunciarle que pasaría a recogerla antes de las siete. Marisol se peinaba frente al espejo, justo en el instante que el locutor  anunció por la radio que un desquiciado sujeto había iniciado el fuego en un edificio de la carrera séptima con calle 52. «Ay pobre gente, Dios mío: siempre hay mucho loco en este mundo…», pensó pero no le dio la menor importancia al incidente, y tratando de alejar la impresión de la dantesca descripción.
2
Cerca de las ocho, un hombre de tez trigueña, que bordeaba los cincuenta años, de contextura menuda y aspecto de oficinista, hizo su ingreso al restaurante. Se detuvo un momento en la entrada, clavando inconscientemente la mirada, sin pestañear, en el mayor Suárez y su esposa, como si se tratara de un par de viejos amigos a quienes de repente hubiera reconocido. Llevaba un maletín negro. El maître de confianza, Alfonso Guaneme, le atendió afablemente; Pozzetto era el restaurante predilecto de Campo Elías Delgado. Aun llevaba los dos botones superiores de la camisa desabrochados. El local se reservaba el derecho de admisión, pero los empleados siempre hacían la excepción con él por ser cliente fijo. El maître preguntó qué deseaba cenar esa noche. Con su mirada de basilisco, Campo Elías escrutó con detalle a sus interlocutores: algunos, perturbados al sentirse observados por esos ojos negros y fríos —como los de las fieras disecadas que aun provocan miedo irracional en el observador, o el  que inspiran los cuadros que parecen seguir con ojos muertos al observador, siendo imposible permanecer relajado ante ellos—. El empleado le sugirió espagueti con pollo. Campo Elías Delgado pidió una botella de vino tinto y una gaseosa Colombiana para acompañar su cena. Esperando el pedido, recorrió el local con mirada de cazador, como si fuera un lobo acechando y calculando la distancia de cada presa. Algunos miraban en dirección a su mesa, de soslayo y con expresión absorta, como la del que está hundido en sus pensamientos o ríe a carcajadas, y sin pensarlo, dirige en esa dirección la mirada; otros esperaban silenciosos su pedido y miraban también inconscientemente en dirección suya.  Para Campo Elías, esta era inequívocamente, una señal de desprecio: «…Piensan que soy menos que ellos, solamente porque no llevo corbata…», se dijo mientras limpiaba el tenedor obsesivamente con una servilleta bruñendo el metal hasta poder ver su reflejo en él.
El veterano del Vietnam, probó la pasta, saboreándola con alguna fruición; parecía disfrutar como sibarita, la que intuía, podría ser su última cena. Bebió medio vaso de agua y dio un último lance al plato. En sus dedos tuvo de nuevo esa sensación de repulsión, y profunda suciedad que lo obligaba a asearse como un obseso varias veces por día. La impresión de tener un ejército de invisibles microbios invadiendo todo, le obligó a levantarse para lavarse las manos. Con expresión de angustia evidente se dirigió al lavabo. Había cincuenta pasos justos desde su mesa hasta la entrada del baño. Se frotó las manos con abundante jabón mientras, veía su imagen reflejada en el espejo, sin pensar en nada. La pegajosa tibieza del jabón líquido, le trajo el recuerdo de aquella sustancia en su piel. El goteo del grifo lo alteró de nuevo. John Smith, el joven sargento de su compañía,  un hombre de origen navajo y que no pasaba de los veinte años, se desangraba por la arteria femoral, herido durante un combate contra los Vietcongs. Roído por la fiebre, el muchacho repetía delirando como un poseso: «Ayúdame. Help me Elías, help me, my friend: please… Amigo. I΄m diying… Má-ta-me. Kill me, please: I want to rest of this fucking hell», esa voz envuelta en la niebla mefítica y húmeda, perdida entre el hedor a excremento y combustible, resonaba aun en su cabeza como las turbinas de los B-52 planeando sobre ellos en medio de aquel infecto campamento plagado de alimañas. Los resuellos de los obuses y la metralla, el vaho de podredumbre, el aliento acre de la muerte, lo atormentaban noche a noche colándose entre sus pesadillas, sin darle tregua alguna. Abstraído en sucesivos flashbacks recordaba hasta la locura aquellas escenas: «Nadie entenderá esto jamás. Estás solo Hyde… Solo en el horror Doctor Campo Elías Jekyll». Del otro lado de la puerta, una voz masculina de timbre nasal lo increpó pidiéndole que abandonara el servicio público «¿Se piensa quedar ahí metido toda la noche?… ¿Qué tanto hace encerrado, señor? Salga, caballero.», le decía el hombre.
Campo Elías abrió la puerta. Se detuvo en el umbral y lo miró fijamente. El interlocutor, un tipo calvo, de tez cetrina y cuerpo enjuto, le inspiró desprecio. El ex boina verde lo fulminó, mirándolo fijamente y con rabia:
―Siga: ahí está su baño… Y no tiene por qué ser tan grosero; demuestre su educación, si es que la tiene ―extendió la mano en ademán de sumisión, invitándole a seguir, mientras se secaba las manos húmedas con una larga tira de papel higiénico que luego arrojó al suelo.
Campo Elías sentía repulsión patológica por las toallas de manos, los pasamanos de los autobuses y las bocinas de los teléfonos públicos; era un rechazo por todo lo que tuviera que ver con el contacto promiscuo. Sus piernas empezaron a encalambrarse, los oídos le zumbaban, y la impronta de la carne quemada tras pegarle fuego al cuerpo de su madre, parecía avivarse en su nariz. Se sentó a la barra. Puso sobre sus rodillas el maletín. El empleado preguntó si deseaba que se lo guardara en un sitio seguro. Delgado se negó rotundamente y pidió el postre: flan cubierto de caramelo tibio. Entretanto preguntó al maître por alguna sugerencia de coctel; este le recomendó un destornillador: vodka con jugo de naranja. Con alguna confianza excesiva, el joven se atrevió a preguntar cuál era el motivo de su celebración con licor, pues nunca había lo había visto beber durante sus visitas al restaurante.
―Estoy celebrando algo muy importante, mijo; es que me voy a hacer un largo viaje ―dijo crípticamente―. Esto está muy bueno ―dijo casi sonriendo al probar el licor.
―Vodka finés con jugo de naranja… ¿Le gusta?―contestó el maître.
Campo Elías pareció fingir una sonrisa. Al margen de un ejemplar de Newsweek, escribió unos versos a vuela pluma. Una suerte de borrador del que nadie daría razón después; un fragmento condenado a perderse en el infierno que había de desatar en el apacible refectorio. «I want to get out Mr Jekyll and Hyde, and make them walk together » ―escribió en su diario, un par de días atrás― «… Somos dualidad, sustancia, luz y sombra. Qué contradicción es el hombre: condenado a ser y desaparecer de repente… nacer enfermo y verse compelido a estar sano (anotación: Fulke Greville). Un espectáculo verdaderamente admirable, pero: “I incline to Cain's heresy… ‘I let my brother go to the devil in his own way’. Que cada quien se vaya al diablo como quiera...»




3
A veces, Campo Elías Delgado intentaba la sublime poesía. Amaba la exquisita lírica inglesa del Romanticismo; aunque prefería la prosa concisa y puntual de Stevenson, Dickens, Hemingway, Dos Passos o Faulkner. También leía a los franceses. Se sentía hechizado por esa extraña música, por esa misteriosa forma del arte.  
Acarició con la punta de sus dedos el cañón del arma, como sopesando el poder encerrado en aquella obra maestra de la ingeniería de la muerte. Un rato antes, en la ventisca ártica de la tarde bogotana, se había detenido a contemplar un cartel que anunciaba la obra de teatro de García Lorca “Bodas de sangre”. Por coincidencia quizá, o por humor negro del destino, el restaurante Pozzetto era el colofón perfecto para tal celebración. Manteles inmaculados, hombres vestidos de punta en blanco; comensales de cuello almidonado, todo impecable… La novia oscura, su presencia de negro terciopelo, con sus largas falanges de marfil amarillo tomando los blancos guantes del novio. Cubierta por un velo que no dejaba adivinar sus rasgos. Las escena de la orgia de sangre que Campo Elías había fraguado en su mente tanto tiempo atrás, y que iba a ejecutar en pocos minutos, lo llevaban al límite de su excitación, trastornando su razón: «…El ángel exterminador asedia con su espada de fuego tras los dinteles de los egipcios; busca aquellas que están limpias de la marca de sangre del cordero ―pensaba mientras observaba a los comensales desde la barra―. Seré como lluvia de fuego que cae del cielo: quienes se detengan, los que se vuelvan a mirarme, serán convertidos en pilares de sal…»       
Una mujer se aproximó al maître para pedirle un vaso de escocés en las rocas. Campo Elías contuvo la respiración brevemente; el aroma penetrante de la esencia lo mareó provocándole arcadas. Lo que podía ser un detalle de buen gusto, se volvía en una peste mefítica e insoportable. «Esta gentuza despreciable y venida a más, consigue sacarme de quicio con sus gestos vulgares», pensó mirando de reojo a la mujer.
La noche anterior había cruzado el límite en una de sus habituales discusiones con su madre; uno de esos escándalos a los que el vecindario ya se había acostumbrado. La golpeó con violencia en un arrebato incontrolable de ira. Campo Elías lo hizo sin medir su fuerza y la anciana cayó inconsciente tras un fuerte golpe en la cabeza. Entonces la remató, apuñalándola frenéticamente en el tórax con su cuchillo de asalto. La amortajó con las páginas de los periódicos viejos. Temprano, al día siguiente, se dio una ducha espartana con agua helada. Vestido con gran elegancia, se dirigió a la residencia de Claudia Rincón Becerra, su alumna de inglés. La muchacha de quince años y su madre, vivían en un apartamento en Santa Bárbara, al norte de la ciudad. Esta última, sorprendida de verlo en un día que no fuera el habitual, lo recibió amablemente, haciéndolo seguir. Le ofreció asiento y café, que el ex militar rechazó. Preguntó enseguida por la joven. Claudia está estudiando, respondió la madre. Sin darle tiempo de defenderse, Campo Elías se lanzó sobre ella amordazando los gritos de pánico con sus poderosas manos. Tomó el puñal, atacando el cuerpo inerme de la mujer varias veces. Hundió en su vientre la hoja del puñal y se imaginó acometiendo la penetración. Jadeante por el esfuerzo, entró al baño de servicio y se limpió; se lavó la sangre que caía de las manos. Aunque había planeado metódicamente en su mente cada uno de los pasos para ejecutar su siniestra tarea a la perfección, las cosas iban dándose a su propio ritmo. Era como si la muerte tuviera sus propias reglas; su voluntad escapaba a los dominios de la lógica humana. Sin hacer ruido se encaminó al cuarto de Claudia. Entreabriendo la puerta pudo ver su cuerpo virginal y limpio, tallado en el mármol esplendido de sus quince años.
―Cómo estás Claudia ―la saludó con amabilidad, sin ningún signo de sobresalto en sus gestos; su voz parecía perfectamente dominada.
―Bien, profe… ―respondió la muchacha extrañada, igual que su madre al verlo, momentos atrás; su corazón trepidante por el miedo parecía cabalgar en su garganta. Tragó saliva―. ¿Qué hace por aquí hoy?
La repentina visita, era como un presagio. La muchacha se extrañó por el silencio sepulcral en la casa; por la súbita ausencia de su madre:
―¿Y mi mami, dónde está? ―preguntó la joven, pues siempre iba hasta el umbral del cuarto, para acompañar a Delgado, cuando iba a darle la lección de inglés. 
El veterano respondió que no se preocupara; ella había mandado a decir que no los molestaría, pues iba a salir por un momento para que Claudia pudiera tomar su clase de inglés tranquila.
―¿Te ha gustado el libro? ―preguntó Campo Elías, cambiando de tercio.
―Sí, señor y mucho ―dijo ella.
―Dime, ¿por qué? ¿Qué encontraste en él?
―Habla de cosas muy interesantes; como por ejemplo, lo malas y lo buenas que pueden llegar a ser las personas…―contestó sin mirarlo a los ojos, inquieta por los nervios de sentirse sola con Campo Elías.
Se fijó en el lápiz entre los dedos finos de la muchacha. Temblaba ligeramente, como si fuera una veleta agitada por vientos de tormenta. Miró de soslayo para asegurarse que la puerta estuviera bien asegurada. «Qué estúpido; si la mujer ya está muerta», se calmó.
―¿Estás cerca del final del libro? ―le preguntó Campo Elías tratando de disipar su miedo.
―Más o menos… me quedan como unas cincuenta páginas para terminarlo ―respondió la joven con la voz entrecortada.
―Tranquila que no hay prisa, a todo le llega su final; hasta las flores más hermosas del jardín también se marchitarán algún día, mi niña ―replicó misteriosamente―: esa es la ley de la vida.
En un impulso salvaje, tomó a la joven por el cuello y la lanzó a la cama con violencia, como si fuera una muñeca. Acarició sus piernas tocando su sexo húmedo. Se llevó la punta de los dedos a la nariz: «¡Ah, Claudita, hueles a flores recién cortadas!», le dijo, mientras jugueteaba con su pelo largo y trazaba figuras indefinidas en su cuello con el brillante filo del puñal. La muchacha le rogó que no le hiciera nada. Él pensó en sus eternas noches de soledad y en esa fuente de placer que la joven resguardaba celosamente de las miradas masculinas bajo su falda escocesa de colegiala.
―Qué absurdo es todo esto: ¿para qué Dios se tomaría la molestia de hacer algo tan bello como tú, si es preciso destruirlo? ¿Qué sentido tiene tanto desperdicio de belleza y de placer…? ―le susurró al oído a Claudia, que sollozando, intentaba defenderse inútilmente―. En la vida existen fuerzas misteriosas, fuerzas que nos controlan y que desconocemos ―continuó con su delirante monólogo―. Una vez que son desatadas, tienen tanto poder, que ni Dios mismo las contiene, porque lo superan…
Otro grito se ahogó esa tarde en la quietud del elegante apartamento de clase media alta, en el corazón del barrio Santa Bárbara. Un vigilante que hacía su ronda en esos instantes creyó escuchar algo, pero siguió su ronda. Luego de ejecutar la primera parte de su masacre, entró al lavabo y como Raskolnikov, se lavó y limpió sus manos; luego se cambió las ropas para no dejar huellas. Los impulsos del asesino, algunas veces se rigen por la lógica; aunque en la aparente sistematicidad del acto criminal, termina obrando como un títere enloquecido que cobra voluntad repentina. La naturaleza de una mente criminal semeja a las leyes del caos, que entre su aparente desorden tienen un sistema propio de jerarquías; como el patrón arbitrario que sigue una enredadera para escalar una columna o las veces que la serpiente enrosca su cuerpo antes de asestar su mordida fatal.
De pronto Campo Elías recordó todos los gestos y los rostros de los muertos que habían pasado por su cabeza. Entre todos destacaba el de su padre. Se había suicidado descerrajándose un balazo en la cabeza, muchos años atrás. Sin embargo, no era la concreción del recuerdo lo que lo atormentaba, sino la expresión que había tallado de manera abrupta e impúdica la muerte en su rostro, lo que jamás olvidaría. La mueca rígida, sardónica y de profundo disgusto, como de hastío postrero ante la vida, era lo único que podía recordar de su padre cuando lo vio por última vez, con su cara hinchada y los ojos abotagados a través del cristal del ataúd. Campo Elías siempre culpó a su opresiva y omnipresente madre.
«El horror es como un fantasma, como ese sueño de la razón del que habló Goya, y que produce monstruos; esos en los que poco a poco nos vamos convirtiendo con el tiempo», monologó consigo en voz alta, mientras se ponía una camisa del esposo, y  que sacó del ropero de los Rincón.
 Ya hacía quince años atrás, recordó mientras caminaba por las calles del tradicional barrio Sears, Campo Elías Delgado, había descendido a los círculos dantescos de la guerra en las sórdidas selvas de Vietnam. La miríada de rostros en la calle, sonrientes, olvidados por un momento de las miserias de la vida, cargando sus arrumes de paquetes y llevando a sus niños de la mano, le produjeron un revoltijo amargo en el estómago. Quiso vomitar justo en plena calle. «Si tuviéramos que hacer silencio, en un breve réquiem por los que entregan atroz e injustamente la vida en el mundo cada minuto, para que los demás gocen de las suyas, la humanidad tendría que permanecer en silencio eternamente», murmuraba como una letanía. Algunos lo miraban con extrañeza, tomándolo de seguro por un demente; lo veían con desconfianza y desprecio. Un hombre loco, vergonzosamente monologando en público. «Uno es el único ser con quien, quizá, sea posible llegar a comunicarse; y tal vez, comprenderse cabalmente alguna vez», pensó. De todos los caminos que elige un hombre en la vida, Campo Elías Delgado había optado por uno lleno de espinas, pero necesario; no tenía otra salida para este laberinto, que el de la soledad de la muerte.
4
Como si de uno de esos rituales funerarios vietnamitas se tratara, Campo Elías había tomado el cuerpo de su madre envolviéndolo en una mortaja improvisada con el mantel de la mesa. Encendió un cerillo para iniciar así fuego purificador, que había de crecer hasta extenderse por todo el apartamento, como una flama expiatoria que limpiaría cada rincón. En cuestión de minutos la conflagración se salió de control. El humo negro empezó a crecer como una neblina asfixiante por los pasillos; se colaba bajo cada una de las puertas del vecindario. La detestable mujer que le hacía la vida imposible a Campo Elías, con sus saludos, con sus preguntas imprudentes, con sus comentarios y sus salidas fuera de tono; esa que se refería a él como «el hijo loco y amargado de doña Rita», al salir al umbral de la puerta de su apartamento para preguntarle cuál era el alboroto, recibió por contestación un certero tiro de gracia en la frente. «Maldita arpía», murmuró.
Entre la densa y asfixiante cortina de humo que crecía con vertiginosa velocidad, el ex boina verde avanzó como si fuera Azrael, el ángel de la muerte, que según el profeta Mahoma, liberaba a todas las almas atormentadas de la tierra. Una de las dos jóvenes habitantes del apartamento 301, al abrir la puerta para acudir a la llamada de auxilio de su vecino pidiendo ayuda para llamar a los bomberos, recibió un tiro; igual suerte corrieron las tres estudiantes del primer piso. Otra de sus vecinas, a la que por capricho de la providencia, Campo Elías, perdonó la vida al cruzarse con ella en el pasillo, afirmó luego al ser interrogada por los reporteros, verlo en trance ante uno de los carteles que anunciaban una obra de teatro.
El ex boina verde y marine del ejercito de los Estados Unidos, condecorado por su valor y sangre fría en las malsanas junglas del Sur de Asia, caminaba con la mirada perdida por las calles, entre los viandantes que como la mujer del edificio, ignoraban sus planes aquella noche de diciembre. Azrael se movía entre ellos, rozándolos con sus alas negras y su espada de fuego; pero sin tiempo suficiente para matarlos a todos.
Al llegar a la residencia de sus amigos más íntimos, el matrimonio de Jesús Fernández y Clemencia de Castro, Campo Elías tuvo un instante de solaz en aquella ardua labor. Ella, Clemencia, su amiga más íntima, reconoció en él los gestos de la inquietud: la desesperación en el rostro de aquel que tiene la completa certidumbre que no verá la luz del día siguiente. Era una corazonada. Campo Elías daba vueltas en círculo como una fiera encerrada en su jaula. Aceptó un vaso de Coca-Cola y conversó con ella sobre su hijo, Andrés. Esa breve charla le otorgó un poco de sosiego a su espíritu convulso. Antes de irse, Campo Elías abrazó por última vez a su amiga, quien percibió bajo la chaqueta el contorno duro del revólver. Le pidió que saludara de su parte a Jesús. Clemencia preguntó cuál era el motivo de su intempestivo viaje y cuál sería su destino: «Es muy lejos: la China…; pronto, pronto sabrán; por la televisión de seguro, esta misma noche, tendrán noticias de mí. No se preocupen, y cuiden mucho al niño; no lo castiguen por sus malas notas, es un buen muchacho».



5
El aire helado de la noche refrescó la cara acalorada de Campo Elías, que solía muchas veces andar en mangas de camisa en plena sabana de Bogotá. Alguna vez alguien le preguntó si no sentía el frío. «No. Porque yo tengo el corazón caliente», se limitó a responder. Tenía fama de hombre reservado. «Es alguien extraño», decía la gente al referirse a él. Era distante en su trato personal. Las amistades del maduro estudiante de literatura en la Universidad Javeriana, se contaban con los dedos de una mano. Si a un personaje literario había terminado por parecerse, era a Mister Utterson, el abogado del célebre relato de Stevenson. Su verdadera pasión eran las historias, esos personajes concretos, a los que Campo Elías acudía con fruición y constancia, en incesante estado de éxtasis. Su fascinación por el escritor escocés Robert Louis Stevenson y por la novela El extraño caso del Doctor Jekyll y Mister Hyde, parecía una obsesión, llegando a desear la posesión casi física,  del carácter de aquellos personajes, como si de un actor en proceso de asimilación orgánica de cada uno de sus roles se tratase. Era como si viviera al mismo tiempo con la suya, la existencia de esos otros personajes más dignos de una real, que la suya propia y contingente.
Sentado en la mesa mientras terminaba de tomar el coctel, quiso pedir ginebra. Se levantó con decisión y, nuevamente, se dirigió al baño. Esta vez aseguró la puerta con el botón de seguridad. Cuidadosamente, de la misma manera como solía hacerlo en el campamento, abrió el maletín y sobre el tocador del baño organizó su arsenal: los cartuchos ordenados en pequeñas cajas de cartón, el puñal de asalto, perfectamente refulgente, como si jamás lo hubiera usado, junto a dos Magnum 32.
Al salir, se ubicó en medio del salón y gritó a todos que se disponía a hacer un asalto; que entregaran su dinero poniéndolo sobre las mesas y que, sobre todo, no lo miraran a los ojos. «Bienvenidos al infierno», dijo la frase repetiría varias veces durante la matanza. Un hombre de contextura gruesa, con pulso trémulo, sacó el dinero tal como le había dicho Campo Elías; sin embargo y a pesar de la advertencia del maniático, decidió mirarlo a los ojos. El disparo quebró la calma a la que los empleados del restaurante estaban habituados. El estupor y el pavor se apoderaron de todos. Al escuchar el tiroteo, de inmediato e instintivamente, los empleados buscaron refugio en los baños de personal. La mujer que se hallaba detrás del hombre muerto por mirar a su verdugo, gritaba histérica, salpicada de sangre y masa encefálica.
―¡Cállese, señora, se lo repito: haga silencio! ―le gritaba el ex marine, con creciente irritación.
Sin aspavientos, hizo lo propio con la mujer. Era trigueña, de estatura mediana y llevaba un vestido de seda azul aguamarina. Quedó tendida a los pies de su esposo con los ojos fijos en el cielorraso. Sin embargo el incidente, antes de amainar los gritos histéricos de las mujeres, desató una serie de réplicas que exasperaban cada vez más a Campo Elías Delgado. Entre tanto, el mayor Suárez planeaba su estrategia ocultándose bajo una mesa para cargar su pistola. Marisol, escondida justo en la mesa frente a la que cenaban hace unos minutos, le rogaba con la mirada que no cometiera una locura.
―Si no quieren que les pase lo mismo que a ellos, háganme caso y no cometan estupideces; no se las den de héroes y saldrán con vida ―anunciaba Delgado con voz recia, sin flaquear un instante en sus amenazas.
Pero los disparos no cesaron. En intervalos de diez o veinte segundos, se escuchaban gritos y tiros; luego los sollozos y un breve silencio. El guión seguía ese ritmo desquiciante e invariable. No había espacio para escenas de heroísmo. Campo Elías Delgado se destacó en su vida militar, sobre otros marines tan preparados o incluso mejores que él, por su destreza a la hora de apuntar y disparar. Su velocidad, precisión y puntería era desconcertantes, certeras. Lo habían condecorado por sus habilidades como tirador. El mayor Suárez era un hombre de gran autosuficiencia. Su esposa siempre le criticó su tozudez y arrogancia. Decía no temerle a nada ni nadie. Marisol se llevó su mano a la boca para que no se escuchara su gemido de desesperación cuando vio que su marido golpeó la culata de su arma encasquillada contra el suelo, justo cuanto el tirador cruzaba entre las dos mesas cortando el contacto visual con su esposo. Delgado retornando tras sus pasos, encontró a Marisol y le pidió que le entregara las joyas y la plata. Obedeció. Alzó la vista para mirarlo y de repente su visión se nubló por completo. En un solo y confuso golpe de vista, el espacio y tiempo se fragmentaron; con visión brumosa vio a su esposo, el mayor Suárez salir debajo de la mesa y abalanzarse sobre la espalda de Campo Elías Delgado. Para Marisol todo era tan vertiginoso y confuso que no se percató del disparo que tenía en su cabeza. «La mató, mató a mi mujer… malparido», gritó el mayor. Antes de que hubiera siquiera un breve forcejeo entre los dos hombres, Campo Elías ejecutó un movimiento rápido y disparó. En el instante en que Marisol había puesto las joyas sobre la mesa, sintió una caricia de fuego en su sien, perdiendo el sentido.
6
Atrincherados tras una patrulla, los policías hicieron varios disparos de advertencia. Luces azules y rojas se filtraban a través de los visillos, como en una escena de una burda serie policiaca. Sombras que parecían movidas por la oscura mano del titiritero en un teatro de marionetas, se movían de un lado a otro intentando flanquear la puerta principal. Campo Elías, respondía a las exigencias de los policías para que se entregara, disparándoles desde una de las ventanas del salón. Trazas de fuego silbaban susurrando el rumor de la muerte en sus oídos [...]

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sábado, 18 de junio de 2016

Conozca el nuevo código de Policía que empezará a regir en 2016

Ser conducido por un agente de policía a una estación al orinar en la calle, en estado de embriaguez o bajo los efectos de sustancias psicoactivas; poder cortar la energía eléctrica para acabar una fiesta, rescatar a un ciudadano en aparente peligro dentro de un inmueble o poder entrar a un domicilio sin previa orden judicial, son unas de las polémicas reformas de nuevo Código de Policía de Colombia, que empezará a regir durante el 2016. 

Aunque ya existía un Código de Policía, éste no había sufrido reformas considerables desde 1971, es decir hace casi cuarenta y cinco años. Los vertiginosos cambios en la sociedad colombiana hacen que el nuevo Código de Policía de Colombia resulte polémico, pues muchos consideran que otorga un estatus de poderes especiales a este cuerpo armado, que antes solamente podía ejercerlos durante estados de excepción.

Para muchos analistas, este nuevo Código de Policía 2106, restringe derechos fundamentales consagrados por la Constitución Política de Colombia de 1991, tales como la locomoción, el libre desarrollo de la personalidad, el derecho a manifestarse públicamente, entre otros. Aunque aún no ha recibido la sanción presidencial, el texto será sin duda uno de los más polémicos de la actual administración. 


Aquí puede leer el texto íntegro del Código Nacional de Policía 2016 


CLICK EN LA IMAGEN PARA VER






domingo, 28 de febrero de 2016

Urna Bios: el renacer de la muerte







Entrevista Bios Urn


«Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte»
Baruch Spinoza

El árbol de la vida

«¿Qué es la muerte sino un instante?
Hoy has muerto
Y la luz del mediodía aun es trémula
Ya nada te traerá de vuelta
Y los atardeceres seguirán siendo los mismos
Los coches seguirán yendo y esperando
Y tu perro creerá estar dormido en tu regazo.
En la noche silenciosa clamo tu retorno
Cuando brille la luna con más fuerza.
Al alba los grillos cantarán
Y renacerás en el árbol de la vida»

Andrés F. Castaño

Vivimos una epoca de revoluciones: en el trabajo, en el estudio, en la vida cotidiana, etc. De cualquier modo, estamos marcados por la muerte. En ese sentido, pensar en ella como un fenómeno inexorable, pero necesariamente forzoso, debería ser una preocupación que estuviera presente en la vida de cada uno. Las contingencias que comporta la muerte física, así como las complejidades que surgen para los familiares del fallecido, hacen del hecho de morir, un problema concreto imposible de ignorar. En nuestro tiempo lleno de revoluciones y avances, sin embargo, aun no hemos podido resolver de forma satisfactoria el proceso de transformación de un estado a otro. Dicho de otro modo: el hecho de deshacernos de nuestros propios cadáveres, comporta para nuestras vidas, un problema del que nadie quiere hablar, pero que resulta paradójicamente vital.
Muchas compañías, están intentando convertir este paso trascendental, en un hecho único y especial para las personas y sus familias. http://urnabios.com es una compañía pionera en la producción de urnas biodegradables. Su concepto es, básicamente, conseguir integrar con la Naturaleza, los cuerpos que han pasado previamente por el proceso de incineración. De esta manera es posible, por ejemplo, conservar el recuerdo de una vida que se une en su proceso, al de la siembra de un árbol. La vida y la muerte, el hombre y la Naturaleza, fusionados en un proyecto, que verdaderamente, puede revaluar la visión que tenemos sobre nuestro propio fin.
—¿En qué momento nace Urna Bios?
 Bios Urn fue creada en 1997 y empezó a producirse a comienzos de 2013.
—¿Por qué razón para Urna Bios es importante pensar en nuestras propias muertes?
Bios Urn es el retorno a la vida a través de la Naturaleza. Creemos que venimos de la Tierra, y retornar a ella, es lo más natural,  una vez hemos muerto.

—¿Cuánto llevan produciendo las urnas y en cuántos países se han interesado por estas?
Al momento, cerca de 40.000 Urnas Bios han sido producidas y vendidas en el mundo. Hacemos envíos a cualquier lugar.

De acuerdo al pensamiento filosófico y metafísico, somos más que materia. Al morir, nuestro cuerpo se corrompe, pero en el pensamiento de muchas doctrinas y religiones, se cree piensa que nos reintegramos al entramado natural del cosmos. ¿Esa es una de los fundamentos de Urna Bios?

Sí, creemos en la reintegración. Todo es materia y energía, y Urna Bios ayuda a transformar 
esa energía en una materia diferente. Esto es un acto físico y metafísico. 
Creemos en la reducción de la brecha entre la especie humana y la naturaleza humana. 
 
—Crecer junto a un árbol, es una imagen poética, llena de espíritu romántico para muchas personas. Para otras, de acuerdo a su religión, puede ser un insulto a la dignidad del cuerpo. ¿Cómo concilia Urna Bios esos dos puntos de vista?
También creemos que el medio ambiente no tiene la intención de mantener la muerte en una escala global o masiva. Hay más de 7 mil millones de personas en el mundo, y no es aconsejable utilizar la totalidad de la tierra con fines de enterramiento. Hay que pensar en el futuro.
¿Cuál es el costo de una urna? ¿Resulta posible comprarla en cualquier país del mundo?
El costo de una urna es de 145 Dólares. Enviamos a todo el mundo.

¿Urna Bios tiene algún lugar físico, en el que sea posible visitar los memoriales?
Al momento no tenemos espacio físico para visitar las urnas; pero pueden ser plantadas en cualquier sitio. Puede plantarlas en su jardín o en un parque.

Para encontrar más información visite nuestro sitio web www.urnabios.com



     Bios Urn interview


"A free man thinks of nothing less than death"
Baruch Spinoza

The Tree of Life

"What is death, if not a moment?
Today you're dead
And the midday light is still shaky
Nothing will bring you back
And the sunsets will remain the same
The cars will continue to go and waiting
And your dog will think he is asleep in your lap.
At night silent cry your return
When the moon shine more strongly.
At daybreak the crickets sing
And you will be reborn in the tree of life "

Andres F. Castaño

We live in an era of revolutions: at work, in the study, in everyday life, etc. However, we are marked for death. In that sense, think of it as an inexorable phenomenon, but necessarily forced, should be a concern to be present in the life of each. The contingencies which involves physical death, as well as the complexities that arise for the deceased's family make the fact of dying, impossible to ignore specific problem. In our time full of revolutions and progress, however, we have not been able to resolve satisfactorily the process of transformation, from one state to another. In other words: the fact rid of our own bodies, brings to our lives, a problem that nobody wants to talk, but paradoxically it is vital.
Many companies are trying to make this important step, in a unique and special event for people and their families. http://urnabios.com is a pioneer in the production of biodegradable urns. The concept is basically getting integrate with nature, the bodies that have previously gone through the process of incineration. This makes it possible, for example, preserve the memory of a life that is united in its process, the planting of a tree. Life and death, man and nature, merged into a project, you really can reassess the vision we have of our own end.
—¿When Bios Urn born?
Bios Urn was created in 1997, and started being produced in the beginning of 2013.

—Why Bios Urn is important to think about our own deaths?

Bios Urn is a return to life through nature. We believe that we come from the Earth, and it is only natural that we return to it once we pass away.

¿How many urns have been producing at date, and in many countries have shown interest in these?
At the moment, over 40,000 Bios Urns have been produced and sold all over the world. We ship worldwide.

—According to philosophical and metaphysical thought, we are more than matter. At death, the body is corrupted, but the thought of many doctrines and religions, it is believed that we think we reintegrate the natural order of the cosmos. Is that one of the foundations of Bios Urn?
Yes, we believe in reintegration. Everything is matter and energy, and the Bios Urn helps transform that energy into a different matter. It is a physical and metaphysical act. We believe in bridging the gap between human kind and human nature.


Growing up next to a tree, it is a poetic image, full of romantic spirit for many people. For others, according to their religion, it can be an insult to the dignity of the body. Bios Urn how can reconcile these two points of view?
We also believe that the environment is not meant to sustain death on a global scale or a mass scale. There are over 7 billion people in the world, and it is not wise to use all of the land for burial purposes. We must think about the future.

—¿What is the cost of a urn? ¿Is it possible to buy it for any country in the world?
The cost of an urn is 145USD. We ship worldwide.

—¿Bios Urn has some physical place, in which it is possible to visit the memorials?
At the moment we do not have physical spaces to visit the urns, but they can be planted anywhere. You can plant them in your back yard, or in a park.

—Many people in Colombia, we are interested in learning more about Bios Urn, ¿what can we expect?
To find out more please feel free to go on our website, or email us with additional questions or concerns.


miércoles, 18 de noviembre de 2015

Costa Pacífica de México (muestra)

                                                                         Chetumal



Ubicada en los límites fronterizos de México con Belice, Chetumal, es la capital del estado de Quintana Roo y un centro turístico de primer orden en Centroamérica y el Caribe. Crisol de culturas donde se funde la cultura maya con las tradiciones heredadas de Europa. Es la cabecera urbana más importante de la Bahía que lleva su nombre, situada en el extremo norte de la Península de Yucatán. La influencia de la cultura prehispánica es notable aun hoy en sus tradiciones.

Uno de los  principales atractivos de Chetumal es su bahía. Sus aguas diáfanas animan a meterse en ellas para tomar un refrescante baño. También se pueden practicar en la bahía deportes acuáticos como, paseos moto acuática, bote o practica de snórquel. Su oferta gastronómica es variada con diversidad de restaurantes especializados en comida internacional y típica, con ingredientes de la cocina tradicional indígena mexicana. Si quiere ver una muestra de la admirable cultura maya, seguramente su visita Dzibanché, a una hora de Chetumal aproximadamente, lo fascinará.

Este emplazamiento prehispánico es uno de los más impresionantes de la Riviera Maya. Consta de un complejo de tipo social y religioso erigido por cerca del siglo quinto de nuestra era. Su perfecta conservación hace posible recorrerlo, despertando cada vez, la admiración de los visitantes. Entre estos podemos mencionar al Templo de Los Dinteles, que conserva basamentos originales mayas de dimensiones impresionantes. Kohunlich, es otro conjunto arquitectónico maya que causa gran interés en visitantes y académicos que viajan allí para estudiar esta cultura.

Hay alternativas para los amantes del ecoturismo. La Reserva de la biósfera Banco Chinchorro, justo en frente de las costas de Chetumal, es famosa por sus barreras de coral, además de tener una diversidad de especies de flora y fauna que la hacen única. Es perfecta para la práctica del buceo y como agregado turístico, cuenta con un cementerio de buques hundidos en el lecho marino, haciéndola perfecta para el buceo de aventura y el snorquel.

Bacalar es un pueblito ubicado en cercanías a Chetumal. Aunque fue fundado originalmente por los mayas en el siglo VI, durante la Colonia, fue importante bastión defensivo y centro de abastecimiento de productos por los barcos españoles que atracaban allí. El fuerte de San Felipe Bacalar fue durante mucho tiempo punta de lanza defensivo contra piratas y filibusteros que asediaban el Caribe; hoy, es un museo que nos cuenta parte de la historia de Chetumal.


Otra de las atracciones que tiene Chetumal es el Museo de la cultura Maya. Está ubicado en el centro de Chetumal y posee una muestra de piezas arqueológicas de gran valor para el conocimiento de esta cultura. Allí es posible encontrar exposiciones temporales donde se exhiben diversos instrumentos de la cotidianidad de los antiguos habitantes de Chetumal. Cronológicamente se narran los principales hechos de manera lúdica, desde la fundación inicial previa a la llegada de los colonizadores españoles, pasando por la época de esplendor colonial, la independencia, la república y la edad moderna.

Igualmente el monumento a la bandera, situado en la explanada frente al palacio gubernamental de Chetumal, tiene la dignidad de ser el primer monumento de Chetumal: está representado por un obelisco con un reloj en una de sus caras. Es un lugar imperdible para el visitante de esta ciudad del Caribe mexicano. Dentro de las fiestas religiosas de Chetumal se encuentra la procesión anual a Cristo Rey, es uno de los más impresionantes por su carga mística, siendo el punto culminante la vela que se deja encendida para honrar la figura de Cristo. Es célebre también la conocida como Danza de la cabeza de cochino, de origen prehispánico, aunque hoy día se ha fundido en un sincretismo interesante con una loa al santo patrón de la ciudad.  
Dentro de estas festividades populares es común que se ejecuten bailes de origen español como el fandango, el zapateado, el pasacalle y el calabaceado, estos últimos eran conocidos por hacer parte de las celebraciones de las clases más pudientes de Chetumal durante la época colonial. En cada una de las zonas de Quintana Roo se ejecuta de manera distinta lo que le da el color local único a cada una de las festividades. Estas celebraciones son ideales para conocer mejor las tradiciones y la riqueza de la cultura de Chetumal: sus coloridos vestuarios y la ejecución artística de estas tradiciones patrimoniales, hacen que los turistas queden fascinados por la cultura, calidez y hospitalidad de las gentes chetumaleñas.

En lo referente a gastronomía, Chetumal tiene a su haber una de las tradiciones más ricas del Caribe mexicano. Aunque por su ubicación geográfica su cocina está fuertemente influenciada por el estilo de Yucatán y de la vecina Belice, posee unas características que la hacen única. Las especias, el cacao, el aceite de oliva, de tradición hispana, y el tomate y otros ingredientes de la cocina maya, han configurado un estilo propio que atrae cada vez más visitantes. Entre algunos de sus platillos más afamados está por ejemplo el Queso Relleno: un queso con gran aroma de origen holandés que  se rellena con carnes, huevo, especias, chocolate y que sigue siendo el plato insignia de la comida chetumaleña. También el pez conocido como Chigua frita, es famoso desde los tiempos coloniales. Se sirve siempre muy fresco, con una cerveza fría, abundantes guarniciones y con mucho limón.


El arroz con frijoles, es otra delicia que es muy popular en Chetumal. Se hace con arroz rojo con fritos: estos frijoles tienen una receta que se remonta a la ancestral cocina maya. Luego de esta deliciosa comida se puede rematar con un dulce de ciricote, que es una especie de ciruela autóctona y con un sabor especial. Un paseo por la bahía o una salida nocturna a uno de sus bares y sitios de diversión, es el programa perfecto en el próximo viaje a la hermosa ciudad de Chetumal. 




                                                                         


                                                                            Chihuahua

El estado de Chihuahua es uno de los más activos, turísticamente hablando, en México. Se encuentra ubicado al norte de México, justo en la frontera con los Estados Unidos. Muchos norteamericanos cruzan la frontera para pasar una temporada en Chihuahua y disfrutar de su rica cultura. Chihuahua se caracteriza por su arquitectura, su riqueza natural, su gastronomía y la hospitalidad de sus gentes. Todo aquel que visita Chihuahua siempre quiere retornar. Ya sea por negocios, turismo de aventura, por interés cultural o por cualquier otra circunstancia, Chihuahua deja al visitante con la sensación de que aún queda mucho por conocer de este maravilloso estado.

Dentro de los muchos atractivos que ofrece el estado de Chihuahua, podemos mencionar Estación Creel, en el corazón de la sierra mexicana. Por mucho tiempo está línea férrea ha unido esta región de Chihuahua con el Pacífico. Su cercanía a maravillas naturales como el Lago de Arereco, hace que sea muy visitado. Es rasgo característico de este entorno natural la riqueza de vegetación, con bosques habitados por distintas variedades de fauna autóctona. Particularmente resulta destacable el turismo ecológico, sobre todo de ornitólogos y aficionados a la observación natural. Las cabañas en los alrededores del lago, hacen mucho más fácil el goce de este espectacular paraje.

Al suroeste del estado, se encuentra una de las maravillas naturales de México y del mundo. Barrancas del Cobre es un gran cañón formado durante millones de años y que recibe su nombre debido a su tono color cobrizo. El gobierno de Chihuahua está abogando ante la Unesco para que este espectáculo natural sea reconocido como una de las ocho maravillas del mundo moderno. Este sitio tiene una impresionante vista, con un entorno natural excepcional para los amantes del ecoturismo y el turismo de aventuras.
Los tarahumaras son una comunidad indígena que tiene ligada su vida a las  Barrancas del Cobre. Las escarpadas rocas y pendientes, recodos y cavernas de este espectáculo natural, resultan perfectos para la práctica del senderismo, la escalada y la observación de la naturaleza. También es posible tener la experiencia maravillosa del tren que cruza las Barrancas, sale de Chihuahua a través de los cañones hasta Sinaloa. Viajar en el tren por los túneles admirando el impresionante paisaje, es una experiencia única que remonta a los turistas a la atmosfera de las películas del Oeste. El contraste de la vegetación a través de las Barrancas de Cobre, resulta verdaderamente impresionante.

Otro atractivo que no se puede dejar de ver en Chihuahua es Paquimé. Este antiguo centro social comprendía todo un complejo epicentro cultural de los antiguos habitantes de esta zona de México, con eventos religiosos y sociales. Paquimé hace parte del patrimonio cultural de la Unesco desde el año de 1988. Este centro religioso y ceremonial, que fue punto de paso entre las rutas antiguas mesoamericanas y la América del norte. Por medio de bloques de argamasa y estructuras rudimentarias de arena, los antiguos paquimenses, construyeron este centro socio-religioso cerca del año 1200 d.C., levantando las conocidas “casas grandes”.   

Si viajas al estado de Chihuahua no puedes dejar de visitar los médanos de Samalayuca. Situado a unos sesenta quilómetros al sur de Ciudad Juárez, este paraje natural se caracteriza por su entorno desértico con más de cien quilómetros de dunas y un paisaje con cielo prístino y cerúleo gran parte del año. Los médanos de Samalayuca, con su atmósfera exótica y única en Centroamérica, atraen cada año a turistas de todo el mundo que vienen hasta este rincón de Chihuahua para realizar ecoturismo. Este rincón de México ha sido apreciado no solamente por turistas sino también por muchas productoras de cine y televisión nacional e internacional, donde han tenido lugar grabaciones de películas de corte futurista o fantástico dadas las excepcionales características del paisaje.

Destacan en Chihuahua las cascadas de Basaseachi consideradas una verdadera maravilla natural del estado. En conjunto del parque natural alberga esta cascada de límpidas aguas que hacen las delicias de los turistas. La corriente de agua se precipita desde lo alto de un despeñadero rodeado de verdor, las cascadas se convierten así en un espectáculo que invita a hacer una pausa y respirar el ambiente puro y natural. Su altura de 246 metros la hace la más alta de México. Es posible realizar observación de fauna natural como venados, ardillas, mapaches y gran variedad de aves. El parque se encuentra protegido por el gobierno, ya que es un verdadero santuario natural de México y Centroamérica.

En la ciudad de Chihuahua podemos encontrar una de las más bellas construcciones. Quinta Gamero desde el año de 1999, es un monumento artístico patrimonial de la nación. El museo fue construido cerca de 1907, poco antes de que estallara la revolución. Luego de la revuelta, Francisco Villa toma la ciudad y las familias prestantes, entre ellas la del propio Manuel Gamero, su propietario, y de quien toma el nombre, huye de Chihuahua, deja su suntuosa mansión a merced del nuevo gobierno. La arquitectura de la Mansión Quinta Gamero, diseñada por el arquitecto de origen colombiano Julio Corredor Latorre, tiene un sincretismo de estilos clásico francés y art noveau, lo que le da un aspecto elegante y barroco.

El museo de la Revolución Mexicana es un sitio que no puede dejar de verse en la visita a Chihuahua. Construida en el año de 1905, por una aristócrata de origen francés, que a su vez la vendió a Nicolás Saldivar. Luego del triunfo de la revolución, la mansión fue comprada por Francisco Villa en 1911. El estilo característico de esta construcción es renacentista; los patios de tipo mudéjar con una fuente central rodeada de jardines, hace de su visita una experiencia única al visitante para remontarse a aquella época. En sus interiores pueden verse los objetos personales del general Francisco Villa. Su máquina de escribir, su escritorio y demás elementos del precursor de la Revolución, se aprecian tan fielmente como a principios de siglo XX. Chihuahua es un estado lleno de sorpresas y con los brazos abiertos a los turistas, que siempre retornan.    




miércoles, 19 de agosto de 2015

Contenido para Tovar Hastings Law

                                    http://tovarhastingslaw.com/inicio.html

                 Texto específico para tráfico SEO, en la página Tovar Hastings Law. Agosto de 2015

lunes, 13 de julio de 2015

I Concurso Noticias del Futuro Muy Interesante (Texto muestra)


 https://www.clubdeescritura.com/convocatoria/ver/muy-interesante-uno/71111
                                            Click en la imagen para leer en la web

Bogotá, junio 26 de 2050
Cristo, se enteró por boca de Marta, de la muerte de su amigo Lázaro. «Levántate y anda», le ordenó. Así sucedió. El hombre siempre ha visto a la muerte como su límite natural; su mayor deseo ha sido ese: volver desde el umbral de la muerte. Luego de varias décadas intentando perfeccionar técnicas, entre éstas la criogenia —consistente en el congelamiento en nitrógeno de personas recién fallecidas, para posteriormente tratadas por la ciencia—, científicos de la WSO (World Science Organization: una especie de ONU integrada por científicos de todo el mundo) han logrado con éxito, la primera “resurrección” de la historia.
Un paciente, cuyo nombre ha permanecido en el anonimato, según reporte del software de valoración, llegó al hospital Central de Bogotá, sin signos vitales. «El paciente #39098480390 ingresa a la unidad en estado de shock. 20.39 GMT —se lee en el reporte electrónico enviado al galeno por el sistema automático de triage—. Se intenta reanimación, sin resultados. Se declara muerto a las 21.09.» A través de videoconferencia, el cardiólogo Luís López afirma que «aplicar esta nueva técnica con nanocélulas ha surtido un efecto “milagroso”».
El equipo del WSO desarrolló esta técnica inicialmente en simuladores, puesto que las leyes mundiales impiden usar animales como sujetos de experimentación científica. El sistema de monitoreo ingresa los datos del occiso. «Esto nos garantiza que no se trata de un error», afirma López, quien se desempeña como jefe del equipo de urgencias en dicho hospital. «El sistema es bastante fiable; se regula a sí mismo».
El paciente reanuda ritmo cardiaco. Pulsaciones de 0 a 80, en el primer minuto, dice el reporte electrónico. Un minuto después (21.12), empieza a expectorar y a respirar con dificultad.
El comité de Ciencia Mundial aun no da un reporte oficial. «Esperamos que ésta hallazgo dé esperanza al mundo», se lee en su página oficial. Sin embargo, todavía falta establecer el periodo de tiempo, tras la muerte, en que podrían verse  los efectos reales del suero.
 Morgue

lunes, 2 de marzo de 2015

Guialocal.com.co entrevista a Escritores Freelance

El portal Guialocal.com.co generosamente nos ha permitido dar una entrevista para que todos conozcan mucho mejor a qué se dedica esta web


ANDRÉS FERNANDO CASTAÑO, DE ESCRITORESFREELANCE.BLOGSPOT, HABLA SOBRE LOS SECRETOS DE SU PROFESIÓN

- Para aquel que todavía no te conoce, describe por favor cómo es tu negocio o servicio.
- La página se dedica a crear contenido web de calidad, textos para posicionamiento SEO y todo tipo de escritura, incluida la de libros que las personas quieren escribir, pero por falta de tiempo o desconocimiento de las técnicas, encargan a un escritor fantasma.
- ¿Cuál es tu historia personal? ¿Cómo llegaste a ser propietario o encargado de un negocio?
- Actualmente soy autónomo. Empecé a escribir en 2003, pero la escritura es un arte y una técnica que se depura y se perfecciona a diario. No es posible decir que se un escritor, puesto que no existe tal cosa: un escritor es un artesano de las palabras. La idea de escribir contenido, se da porque entiendo la necesidad de textos, libros y artículos de calidad. Muchas personas quieren hacer su libro pero no saben escribirlo; poder tener ingresos y libertad financiera ayudando a los demás a hacer realidad su proyecto, es la filosofía de escritoresfrelance.blogspot.com
- ¿Qué tipo de clientes tienes?
- Tengo varios clientes que generalmente requieren artículos para webs o blogs, desde el contenido general como Ojocurioso.com, una empresa con sede en Uruguay, hasta un joven estudiante en Barranquilla que quería escribir un libro para regalárselo a su novia.
- ¿Siempre te dedicaste a tu actividad actual? ¿Has desarrollado alguna otra actividad con otros rubros?
- Intenté trabajar en otras cosas, pero lo que realmente me apasiona es escribir. No puedo concebir la vida sin la escritura. Me parece que es una herramienta de expresión muy poderosa que tiene el ser humano para comunicar ideas.
- ¿Qué es lo último que has hecho para diferenciarte de tu competencia?
- Sobre todo trabajar con calidad. El costo es irrelevante. Si se hace un trabajo de excelencia, las personas pagarán con satisfacción. Antes que cualquier cosa, me alejo de la mediocridad y la chapucería que caracteriza a muchos escribientes, que usan siempre los mismos adjetivos, verbos, adverbios para decir lo mismo que plagian de otras páginas o libros. La autocrítica es fundamental para conseguir un buen trabajo.
- ¿Cuáles son las marcas que más vendes en tu negocio (o utilizas para prestar tus servicios) y por qué?
- No uso marcas pues no estoy anclado a contratos publicitarios. Me interesa ante todo, comunicar con exactitud lo que la persona que tiene la idea original quiere expresar. Me autopublicito usando principalmente la Internet.
- ¿Cuál es tu consejo para sobrevivir a la crisis?
- Ser exigente consigo mismo, intentar hacer las cosas lo mejor posible. Al principio puede parecer que se naufraga, pero al final se ve la luz en el camino.
- ¿Qué es lo que más demandan tus clientes actualmente?
- Sobre todo está en boga la escritura de libros. Las personas quieren contar su historia y que los demás la conozcan. También hay muchos artículos para escribir, prácticamente todos los días.